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Posted on 12.17.07 by relegado uno @ 11:50 am
Ni el Centro ni la Periferia… PARTE VI.- MIRAR EL AZUL. EL CALENDARIO Y LA GEOGRAF?A DE MEMORIA. “Si para los de arriba, los de abajo somos s?lo insectos. ¡Piqu?mosles!”. Don Durito de La Lacandona. No pocas veces hemos dicho que nuestro alzamiento zapatista es contra el olvido. Perm??tanme entonces hacer un poco de memoria. Hace unas lunas, de paso por una de las zonas del irregular territorio zapatista, nos reunimos un grupo de oficiales insurgentes y Comandantes y Comandantas para ver algunos problemas. Por supuesto, como siempre pasa cuando hay un error, nadie se acordaba qui?n hab?a hecho la solicitud, cu?nto hab?a sido lo aportado, de quien, qu? hab?a pasado con la cooperativa, etc?tera. A la hora de determinar las responsabilidades lleg?bamos a un hoyo negro. ” La problema”, dijo uno de los oficiales insurgentes, “es que nosotros no muy nos acordamos c?mo mero fue. Pero los pueblos s? lo acuerdan todo y est?n encabronados porque no se les dan cuentas” “Esa es la problema. Los pueblos no olvidan nada”. Lo que iba a decir yo, lo dijo otro oficial: “?C?mo que eso es la problema? Al rev?s, eso es nuestra fuerza. Si los pueblos olvidaran, acaso estar?an en la lucha.” “Eso”, respondi? el primer oficial. Mir? a los Comandantes y Comandantas. No fue necesario preguntar nada, ah? mismo me dijeron: “Queremos que la Comandancia General investiga para que se soluciona la problema”. “Ta bueno”, les dije. Di las indicaciones para que se buscara a El?as Contreras y se le pasaran todos los datos que hab?a. No pasaron muchos d?as cuando lleg? el informe de El?as. En efecto, en una de esas raras temporadas de baja presi?n militar, el mando de zona, previendo que eso no durar?a mucho, propuso que se hiciera una cooperativa para tener algo cuando volviera a apretar el cerco. El CCRI de esa zona estuvo de acuerdo y se le propuso a algunos pueblos, mismos que aceptaron. Lleg?, en efecto, el tiempo de la presi?n militar y todo lo que hab?a acumulado la cooperativa se envi? a los pueblos que estaban recibiendo desplazados. Hasta ah? todo limpio y sin problemas. Pero… Cito parte del informa de El?as Contreras: “La problema Sup es que ni el mando ni los comit?s les informaron a los pueblos. Entonces ya pasaron ya unos a?os, no muchos pero no pocos, y los pueblos lo acordaron de eso y est?n pidiendo que la Comandancia General vea qu? pas? para que no pasa como con los priyistas que hacen sus tarugadas y nom?s no informan. Aparte te pongo mi pensamiento. Bueno Sup, pues claro te digo que como quien dice que la cagaron, porque puede que en veces no hay buena comida, o no hay ropas, o no hay medicinas, o de plano parece que no pasa el d?a con todas las problemas que hay, pero nunca falta la memoria.” Se repartieron las sanciones que a cada quien tocaban, se hizo el informe a los pueblos y se dieron indicaciones para que se hiciera un censo de quienes y cu?nto hab?an aportado y se dispuso que, del fondo de guerra, se les reintegrara lo que hab?an dado. Se fueron las comisiones a los pueblos en cuesti?n. Al poco regresaron e informaron. Todo qued? cabal, menos en el pueblo de San Tito. Y es que un compa?ero, que ya es de edad, se neg? a recibir la reposici?n de lo que hab?a aportado. Le explicaron una y otra vez y el compa se trinc? en que no recib?a y no. Las comisiones pasaron tres d?as con sus noches y nada que lo convenc?an. Como ya se ten?an que regresar para los otros trabajos, le dejaron al responsable del pueblo lo que le correspond?a al compa, con la recomendaci?n de que m?s luego lo convenciera. Le pregunt? al oficial que acompa?? a la Comisi?n lo que hab?a pasado. Esto fue lo que me dijo: “Es el Chompiras. No s? si te acuerda de ?l, Sup. Es el que ayud? a sacar a los heridos del mercado de Ocosingo, cuando aquella vez en el 94. Y luego le mataron dos hijos cuando la traici?n de 95. Es de los primeros que se entr? en la lucha de este lado. Lo acuerda mucho al Se?or Ik. Acaso dice nada. Siempre est? callado. Pero, urrr, Sup, cuando le dijimos, acaso para. Hasta nos rega??. Bien que nos dijo que ?l tiene la memoria m?s grande que cualquiera de nosotros. Que pinches chamacos, nos dijo (el oficial tiene casi 30 a?os). Que si acaso no sabemos que el Se?or Ik explic? que la lucha no acaba hasta que se acaba y entonces ya queda todo cabal. Que ?l no va a recibir nada porque lo dio para la lucha y la lucha no se ha terminado.” “?Y qu? hicieron ustedes?”, le pregunt? mientras encend?a la pipa. “Nada, qu? vamos a hacer. Salimos corriendo porque nos correti? con el machete. Y dijo que nos va a acusar contigo que no tenemos memoria. As? dijo.” *** En una de las intervenciones en este coloquio, en la de Don Jorge Alonso, se nos dijo que no hay un solo enfoque para analizar la realidad, sino que hay distintas formas de aproximarse a ella. Nosotros queremos aprovechar la doble cercan?a de Jean Robert y de John Berger, que algo saben de eso, para tomar esa acertada aseveraci?n y hablar de la mirada. M?s bien de dos grandes miradas y de los privilegios de la una sobre la otra. Me refiero a la mirada a los zapatistas y a la mirada de los zapatistas. Se puede achacar a su formaci?n, a su historia, a su lucidez o a esa extra?a sensibilidad que luego aparece de tanto en tanto en algunas personas, pero hay una enorme diferencia en la manera en que nos ven a nosotros, a nosotras las zapatistas, aquellas personas que trabajan directamente con comunidades ind?genas y aquellas otras que nos ven desde lejos, es decir, desde otra realidad. No me refiero a su forma indulgente o no, cuestionadora o no, definidora o no, de mirarnos. Sino a la parte nuestra que eligen para hacerlo y a la actitud con la que lo hacen. Andr?s Aubry, cuya historia ac? nos convoca, ten?a su forma de mirarnos, es decir, eleg?a una parte de lo que somos para vernos. Las dos ?ltimas veces que lo vi lo describen: En la una, en una reuni?n privada junto con J?rome Baschet, hablamos de libros y otros absurdos. Aubry estaba desenvuelto, elocuente, como con amigos. En la otra, en aquella mesa redonda donde lanz? una de las cr?ticas m?s severas y certeras que yo haya escuchado en contra de la academia, Andr? volteaba una y otra vez hacia atr?s, hacia sus espaldas, donde varios cientos de compa?eras y compa?eros, autoridades aut?nomas, responsables de comisiones y mandos organizativos de los 5 caracoles, escuchaban en silencio. Andr?s estaba nervioso, inquieto, como ante severos jueces o sinodales. Desde el otro extremo de la mesa, lo mir? y lo entend?. Hay quien se preocupa por la valoraci?n que en la academia se haga de sus planteamientos. A Aubry eso le ten?a sin cuidado. Era la valoraci?n de las zapatistas, de los zapatistas, lo que le preocupaba. Era el mismo Andr?s Aubry que, en aquella Marcha del Color de la Tierra del calendario de 2001, no miraba hacia los templetes que se fueron sucediendo en la geograf?a que recorrimos. Tampoco a las multitudes que acud?an a los actos. Miraba, en cambio, a los peque?os grupos que, dispersos a lo largo de caminos y carreteras, se asomaban nom?s a vernos pasar o a mandar un saludo. Todav?a cuando se estaba en el estira y afloja de concederle o no la palabra en el Congreso de la Uni?n a una mujer ind?gena sin rostro, Aubry dio con la clave de un calendario posterior cuando dijo, palabras m?s, palabras menos, “la marcha, no esto, la marcha all?, en las serran?as, en los peque?os poblados, en quienes no hablan, van a pasar cosas”. Andr?s Aubry no nos miraba como s? lo hacen otras personas que trabajan en comunidades o con ind?genas, es decir, como los perpetuos evangelizados, los eternos ni?os y ni?as sin importar los calendarios que pasen, las hijas e hijos que averg?enzan o enorgullecen a los padres, o los espejos que de una misma, uno mismo, se cuelgan para tapar la vida propia de los otros, las otras, con quienes nos contactamos, espejos que se muestran o no dependiendo del auditorio o la coyuntura, con una especie de oportunismo de nuevo tipo. Aquellos, aquellas que escuchan alguna intervenci?n certera o un an?lisis l?cido de una compa?era y compa?ero, y, con codazos c?mplices al vecino o abiertamente, dicen: “A ?sa, a ?se, lo formamos nosotros (as?, en masculino), no los zapatistas”. No, Aubry nos miraba como si los pueblos indios fueran un severo maestro o tutor. Como si fuera consciente de que la historia pudiera voltearse de cabeza en cualquier momento, o como si en las comunidades zapatistas ya hubiera ocurrido esto, y fueran los ind?genas los evangelizadores, los maestros, y frente a ellos no valieran los doctorados en el extranjero, el alto de la pila de libros escritos, el aire descuidadamente europeo o propositivamente misionero de la vestimenta y la actitud. Ayer aqu? se dijo algo que debe haber provocado que Andr?s Aubry se revolviera en la tierra que lo alberga. Se dijo que nuestros pueblos son ignorantes. No s? c?mo quedamos quienes nos reconocemos como alumnos de estos pueblos “ignorantes”. Ya volver? despu?s sobre esto. Creo, cuando lo vea se lo preguntar?, que Andr?s Aubry ve?a la parte de los pueblos zapatistas que est? vuelta hacia adentro. Como si este pueblo hubiera decidido no s?lo voltear el mundo sino tambi?n su percepci?n, y hubiera hecho que su esencia, lo que lo define, mirara hacia dentro, no hacia afuera. Como si el pasamonta?as fuera una armadura de m?ltiple uso: fortaleza, trinchera, espejo externo y, al mismo tiempo, cubierta de algo en gestaci?n. En otros, otras, he reconocido esta forma de mirarnos: Ronco, Don Pablo, Jorge, Estela, Felipe, Raymundo, Carlos, Eduardo, otro, otra, nadie, por mencionar s?lo a algunos. Disc?lpenme si s?lo aparece un nombre femenino, pero parece que en este tipo de mirada no hay cuota de g?nero. No todas las miradas que nos miran son tan de reconocer y agradecer como la de Aubry. Tambi?n est?n las miradas para las que somos, ¡qui?n lo dijera en pleno noliberalismo!, una posibilidad de ganancia a corto, mediado o largo plazo. Las miradas del usurero pol?tico, ideol?gico, cient?fico, moral, period?stico. De ellas ya hablar? despu?s. Todos estos tipos de mirada, tan distintas unas de otras, tan diferentes a la hora de elegir la parte nuestra que miran, tienen, sin embargo, algo en com?n: son miradas desde fuera. Adem?s, hay que decirlo, tienen el privilegio de ser las miradas que se difunden y se conocen en otras geograf?as y calendarios. Nuestra mirada, nuestro mirarlos y mirarlas, tienen en cambio el inconveniente (y al mismo tiempo la ventaja, pero de eso hablar? despu?s) de s?lo ser conocida por lo otro de afuera si ustedes lo deciden o permiten. Si nuestra mirada es de agradecimiento, de reconocimiento, de admiraci?n, de respeto, o coincide con lo que miran, entonces s?, que se difunda, se conozca, se remarquen la sabidur?a, lucidez, pertinencia. Si en cambio es de cr?tica y cuestionamiento, no importan las argumentaciones y razones que se den, hay que callar esa mirada, taparla, ocultarla. Entonces se se?ala nuestra desubicaci?n, nuestra intolerancia, nuestro radicalismo, nuestros errores. Bueno, no “nuestros”, sino “los errores de Marcos”, “el mal de monta?a de Marcos”, “la intolerancia de Marcos”, “el radicalismo de Marcos”. En una de las presentaciones del libro “Noches de Fuego y Desvelo” una periodista me explicaba la feroz cerraz?n y la reiterada calumnia contra nuestra palabra en lugares antes abiertos y tolerantes, diciendo “es que no entienden eso de ser consecuentes”. En fin, lo que quiero se?alar es que en los ?ltimos 3 a?os, es la mirada de ustedes hacia nosotros la que m?s se ha conocido. Se han hecho fotos, pel?culas, grabaciones, reportajes, entrevistas, cr?nicas, art?culos, ensayos, tesis, libros, conferencias, mesas redondas con su mirada mir?ndonos. No me voy a detener en se?alar detalles como que algunas personas han escrito libros enteros sobre el zapatismo sin haber ido m?s all? de San Crist?bal de Las Casas, que algunas se presentan como que estuvieron viviendo en comunidades cuando en realidad viv?an en esta fr?a y soberbia Jovel, o el caso extremo de Carlos Tello D?az, que escribi? una supuesta historia del EZLN con material proporcionado por los servicios de inteligencia del gobierno que, perm?tanme decirlo, no son nada inteligentes. Quiero, en cambio, se?alar que su mirada no s?lo es desde afuera, y no s?lo elige una forma de mirarnos (un enfoque, dijo Don Jorge), tambi?n elige mirar s?lo una parte de lo que somos. Ayer se?al? que nosotros reconocemos que no somos capaces (ni lo queremos) de abarcar todo el espectro del movimiento antisist?mico en M?xico. Me parece que su mirada mir?ndonos debiera reconocer que no es capaz de abarcar todo lo que fue, es, significa y representa nuestro movimiento. No les pedimos humildad (aunque creo que a m?s de uno no le vendr?a mal recibir un taller sobre el tema), sino honestidad. La mirada de ustedes, cient?ficos sociales, intelectuales, te?ricos, analistas, artistas, es una ventana para que otras, otros, nos miren. Por lo regular no se es consciente de que esa ventana est? mostrando s?lo una peque?a parte de la gran casa del zapatismo, as? que no vender?a mal advert?rselos a quienes nos miran a trav?s suyo. Hace unos a?os, una compa?era ciudadana se hac?a su propio recuento de la historia del zapatismo desde el 1 de enero de 1994 y dec?a “¡He estado en todo!”. No era cierto. En su cuenta olvid? precisar que s?lo aparec?an los hechos y actividades externas p?blicas del zapatismo. No estaban cosas y hechos que no tienen palabras para ser descritos: la resistencia cotidiana y heroica en las comunidades, la terca paciencia de las tropas insurgentes, el callado ir y venir por nuestros territorios de los mandos organizativos. El zapatismo pues, el que sostiene y da sentido a lo que se mira, escucha, toca, gusta, habla, piensa y siente. S? que mi posici?n como Sup me da un sitio privilegiado para mirar mir?ndonos. Pero les soy sincero: no alcanzo a abarcar todos los detalles y, como nos confiesa el Ronco esta ma?ana, no dejo de asombrarme y maravillarme una y otra vez con lo poco que alcanza abarcar un coraz?n maltrecho, lleno remiendos y de cicatrices que, afortunadamente, no cierran. Se los digo con ese coraz?n en la mano: en el zapatismo, el de la mirada no es un privilegio individual sino colectivo. Y les agrego que en nuestra mirada mir?ndolos a ustedes, ha habido siempre el esfuerzo por tratar de entenderlos, no de juzgarlos. “?Por qu??” es la pregunta que anda en nuestra mirada cuando a ustedes mira. “?Por qu? dicen eso, por qu? piensan as?, por qu? hacen as??” La verdad es que casi siempre nuestras preguntas quedan sin respuesta, pero vaya y pase, una de cal por las que van de arena. Despu?s de todo hay la seguridad de que con nosotras, con nosotros, siempre quedan m?s preguntas y dudas que certezas y respuestas. Se los digo, pero no para pedir reciprocidad. Cr?anme que, en la mayor?a, de sus casos, adem?s de respeto, les guardamos gratitud. Es s?lo para que miren todo lo que luego incluye, y excluye, una mirada. *** Si estoy en un error ah? lo corrigen, pero creo que fue Paul Eluard quien dijo que “Le monde est blue commme une orange”, que mi franc?s de sans papier traduce como “el mundo es azul como una naranja”. He visto tambi?n algunas de esas fotos que del mundo se toman desde el espacio. La tierra se mira, en efecto, azul y s?, bien podr?a ser una naranja. A veces, en las madrugadas que me encuentran deambulando sin reposo posible, alcanzo a treparme en una voluta de humo y, desde muy arriba, nos miro. Cr?anme que lo que se alcanza ver es tan hermoso, que duele mirarlo. No digo que sea perfecto, ni acabado, ni que carezca de huecos, irregularidades, heridas por cerrar, injusticias por remediar, espacios por liberar. Pero sin embargo se mueve. Como si todo lo malo que somos y cargamos, se mezclara con lo bueno que podemos ser y el mundo entero redibujara su geograf?a y su tiempo se rehiciera con otro calendario. Vaya, como si otro mundo fuera posible. Vengo despu?s ac? y escucho entonces que alguien dice que nuestros pueblos son ignorantes. Yo relleno de tabaco la pipa, la enciendo y entonces digo: ¡Carajo! ¡Qu? honor el poder ser alumno de tanta y tan rica ignorancia! Gracias de nuez. Subcomandante Insurgente Marcos. San Crist?bal de Las Casas, Chiapas, M?xico. Diciembre del 2007. Filed under: Otros Temas Comments:
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