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Conferancia Marcos V
Posted on 12.17.07 by relegado uno @ 11:50 am

Ni el Centro ni la Periferia…

Participaci?n del Subcomandante Insurgente Marcos en la conferencia vespertina del d?a 15 de diciembre.

PARTE V.- OLER EL NEGRO.

EL CALENDARIO Y LA GEOGRAFÍA DEL MIEDO.

“Cuando parece que no queda nada, quedan los principios”.

Don Durito de La Lacandona.

Dec?a el Viejo Antonio que la libertad ten?a qu? ver tambi?n con el o?do, la palabra y la mirada. Que la libertad era que no tuvi?ramos miedo a la mirada y a la palabra del otro, del diferente. Pero tambi?n que no tuvi?ramos miedo de ser mirados y escuchados por los otros. Y luego agreg? que el miedo se pod?a oler, y que abajo y arriba ese miedo desped?a un olor diferente. Dijo adem?s que la libertad no estaba en un lugar, sino que hab?a que hacerla, construirla en colectivo. Que, sobre todo, no se pod?a hacer sobre el miedo del otro que, aunque diferente, es como nosotros.

Esto viene al caso o cosa, porque nosotros pensamos que, m?s que la cantidad de personas en un movimiento, m?s que su impacto medi?tico o la contundencia de sus acciones, lo claro y radical de su programa, lo m?s importante es la ?tica de ese movimiento. Eso es lo que le da cohesi?n interna, lo define, le da identidad… y futuro.

Ya en otra ocasi?n hemos hablado, y hablaremos, de lo que son los fundamentos de nuestra ?tica zapatista.

Ahora quisi?ramos referirnos, brevemente, a la no-?tica de arriba, a la ?tica del miedo.

Sobre el miedo y, m?s espec?ficamente sobre el miedo a la transformaci?n, el sistema ha ido construyendo, con especial paciencia, un edificio entero de razones para no luchar.

Hay un “no” para cada quien, m?s o menos simple o complejo seg?n el destinado a poseerlo.

Vamos dejar de lado, por un momento, las condiciones materiales que permiten y marcan ?ste que podemos llamar “el imperio del miedo”, una de las caracter?sticas definitorias del sistema capitalista, y concentr?monos en su existencia, reparto y jerarqu?a.

Supongamos que uno de los miedos m?s elaborados es el miedo a lo otro, a lo diferente, es decir, a lo que desconocemos.

S?lo har? un desglose apresurado, esperando que puedan desarrollarse luego:

.- El miedo de G?nero. Pero no s?lo de la mujer al hombre y viceversa, tambi?n el miedo de mujer a mujer y de hombre a hombre.

.- El miedo de Generaci?n. Entre mayores, adultos, j?venes, ni?os y ni?as.

.- El miedo de Lo Otro. Contra homosexuales, lesbianas, transg?nero y las otras realidades que, no porque las desconozcamos, dejan de tener existencia.

.- El miedo de Identidad o de Raza.- Entre ind?genas, mestizos, nacionales, extranjeros.

La libertad que queremos deber? vencer tambi?n estos miedos.

***

Antes se ha dicho aqu?, y con acierto, que las luchas antisist?micas no deben circunscribirse ?nicamente a lo que los ortodoxos llaman la infraestructura o base de las relaciones sociales capitalistas.

Que sostengamos que el n?cleo central del dominio capitalista est? en la propiedad de los medios de producci?n, no significa que ignoremos (en el doble sentido de desconocer y de no darle importancia) los otros espacios de dominio.

Es claro para nosotros que las transformaciones no deben enfocarse s?lo a las condiciones materiales. Por eso para nosotros no hay la jerarqu?a de ?mbitos; no sostenemos que la lucha por la tierra es prioritaria sobre la lucha de g?nero, ni que ?sta es m?s importante que la del reconocimiento y respeto a la diferencia.

Pensamos, en cambio, que todos los ?nfasis son necesarios y que debemos ser humildes y reconocer que no hay actualmente organizaci?n o movimiento que pueda preciarse de cubrir todos los aspectos de la lucha antisist?mica, es decir, anticapitalista.

Este reconocimiento es la base de nuestra Sexta Declaraci?n de la Selva Lacandona. Ella parte del reconocimiento y aceptaci?n de lo ancho de nuestro sue?o y la estrechez de nuestra fuerza.

Por ejemplo, hemos se?alado algunos aspectos de la lucha de g?nero en el seno del zapatismo, y en el pr?ximo encuentro podr?n conocerse de primera mano. Pero, nosotros, nosotras, reconocemos que hay avances m?s sustanciales en otros colectivos, grupos, organizaciones e individu@s que tienen este objetivo.

Pensamos que la realidad propia de nuestra existencia como EZLN no pocas veces presenta obst?culos y trabas que no pueden ser resueltos en nuestra l?gica interna. Por eso buscamos y pedimos una relaci?n equitativa con las compa?eras y compa?eros que han avanzado m?s en la lucha de g?nero.

Pero queremos que no confundan ense?ar con mandar, ni aprender con obedecer. Creemos que es posible construir una relaci?n de respeto donde nuestra realidad avance en transformaciones profundas en este aspecto y sabemos dos cosas: que no podemos hacerlo por nosotras, nosotros mismos; y que necesitamos esta relaci?n.

No ofrecemos nada a cambio, nada material quiero decir. Tampoco ofrecemos unidad org?nica, ni jer?rquica de mando u obediencia en uno y otro sentido.

Lo que ofrecemos es la disposici?n de conocer, respetar y aprender.

Lo que ustedes pueden y, creo yo, deben darnos, tendr? su propio proceso de asimilaci?n y algo nuevo saldr?.

Eso nuevo no ser? ni una copia de sus propuestas ni una repetici?n justificada de una nuestra imperfecta realidad (sobre todo en esto de la lucha de g?nero), sino una forma nueva, la nuestra, de asumir esa lucha y llevarla adelante.

Esto que digo de la lucha de g?nero, que es donde como EZLN reconocemos que cargamos el mayor lastre, es para todas las luchas y modos que no conocemos, no abarcamos o no alcanzaremos nunca a cubrir.

El EZLN es una organizaci?n que ha rehusado claramente a hegemonizar y homogeneizar en sus relaciones con otros grupos, colectivos, organizaciones, puebos e individuos, incluso con otras realidades organizadas o no.

Ni siquiera en el movimiento ind?gena, que es donde est? nuestra fuerza e identidad primera, hemos aceptado el papel de vanguardia que represente a la totalidad del movimiento ind?gena en M?xico.

A nuestras evidentes carencias en la lucha de las mujeres, se pueden agregar lagunas insalvables: los trabajadores y trabajadoras de la ciudad, los movimientos urbano populares, los j?venes y jovenas, los otros amores, y una verdadera constelaci?n de luchas que La Otra Campa?a ha revelado en sus recorridos y actividades.

El movimiento antis?stemico que pretendemos levantar en M?xico parte de esta premisa fundamental: tiene que ser con lo otro, con lo diferente que comparte dolores y esperanzas, que reconoce en el sistema capitalista al responsable de su situaci?n de injusticia.

Y esto, pensamos nosotros, nosotras, s?lo es posible con el conocimiento mutuo que deviene en respeto.

Por eso la Sexta Declaraci?n y La Otra Campa?a en M?xico han seguido los pasos que hasta ahora se han dado: un pase de lista, una presentaci?n donde cada quien dijo qui?n era, en d?nde estaba, c?mo ve?a el mundo y nuestro pa?s, que quer?a y c?mo pensaba hacerlo.

En este proceso de conocimiento, algunos, algunas, supieron que no era este su lugar, ni su tiempo. Que no eran su calendario ni su geograf?a. Podr?n decir una u otra cosa, pero es ?sta la causa fundamental de su lejan?a actual.

No es ni ha sido el objetivo del EZLN el crear un movimiento bajo su hegemon?a y homogeneizado con sus tiempos, modos y ni modos.

Quer?amos, y queremos, un movimiento amplio, con toda la extensi?n del debajo de nuestro pa?s, pero con objetivos claros, di?fanos, definitivos y definitorios: la transformaci?n radical y profunda de nuestro pa?s, es decir, la destrucci?n del sistema capitalista.

No hemos mentido, ni antes, ni ahora.

No nos interesan los parches ni las reformas, simple y sencillamente porque no parchan nada y no reforman ni siquiera lo m?s superficial.

A quien ha querido escucharlo se lo hemos dicho sin tapujos: A nosotras, a nosotros, lo que nos interesa es que se reconozcan nuestros derechos, que nos dejen ser lo que somos y como somos, en suma, que nos dejen en paz.

No nos interesan ni los puestos, ni los cargos, ni las estatuas y monumentos, ni los museos, ni pasar a la historia, ni premios, ni honores, ni homenajes.

Lo que queremos es poder levantarnos cada ma?ana sin que el miedo est? en la agenda del d?a.

El miedo a ser ind?genas, mujeres, trabajador@s, homosexuales, lesbianas, j?venes, ancianos, ni?os, otras, otros.

Pero pensamos que esto no es posible en el sistema actual, en el capitalismo.

Hemos buscado y hemos encontrado pensamientos y experiencias diferentes pero similares.

Hemos sido parte, sobre todo alumn@s, del m?s hermoso ejercicio pedag?gico que los cielos y suelos mexicanos han contemplado en toda su historia.

Ha sido, y es un honor llamar compa?eras y compa?eros a pueblos, organizaciones, grupos, colectivos e individu@s de todo el espectro de la oposici?n anticapitalista en nuestro pa?s.

No somos muchos, muchas, es cierto. Pero somos. Y en estos tiempos de indefinici?n convenenciera, de ilusiones y evasiones, esto, ser, es y ser? la pieza ue el sue?o que so?amos necesita para echarse a andar en su largo camino a la realidad.

***

ELÍAS CONTRERAS EXPLICA A LA MAGDALENA SU MUY PECULIAR VERSI?”N DEL AMOR Y ESAS COSAS.-

Creo que podemos imaginarlo todo. Imaginar la conversaci?n, el calendario y la geograf?a en la que se dio. Imaginar que la Magdalena y a El?as Contreras, Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, est?n platicando de cualquier cosa. Pero imaginar que, cuando llegan nuestro o?do y mirada, lo que vemos y escuchamos es lo siguiente…

Hay una noche que se ha precipitado sobre la tarde, ech?ndola fuera del d?a a destiempo, extendiendo sus negros y sombras por todos los rincones, permitiendo s?lo algunas luces y brillos.

Ha sido tan r?pida esta invasi?n oscura, que ha sorprendido a El?as Contreras y a la Magdalena camino de regreso de la milpa.

Est?n ya cerca del pueblo, pero la noche es tan pesada y tan imprevista que las breves luces que la pueblan no est?n listas todav?a.

Como si cocuyos, estrellas, luna y destellos se hubieran quedado en otro calendario o se hubieran equivocado de geograf?a y no hubieran llegado a tiempo a la noche que ya era due?a y se?ora en las monta?as del sureste mexicano.

El?as Contreras sabe. Conoce, a fuerza de andarlos, los caminos que la noche crea sobre los caminos del d?a. Por eso es que El?as toma de la mano a la Magdalena, que se ha quedado paralizada con un suspiro de miedo cuando s?lo ve el negro.

La Magdalena est? en estas tierras porque ha venido a ayudar a El?as Contreras en el combate contra el mal y al malo, pero no es su cancha. Ella, o ?l, seg?n, es ciudadano, o ciudadana, seg?n. Y en la ciudad, cuando menos en la ciudad en la que viv?a la Magdalena, la noche no acaba nunca de completarse. Con tantas luces peleando un espacio, la noche ah? apenas es un pretexto para que cada una de ellas, de las luces, se definan.

La mano de El?as ha tranquilizado a la Magdalena. Por unos instantes esa mano es su ?nico asidero a la realidad. Casi inmediatamente, El?as coloca la mano de la Magdalena en su baja espalda, de modo que sujete el cintur?n de El?as.

“No te sueltes”, dice El?as.

El miedo hace que la Magdalena no alcance a musitar y s?lo piense:

“Ni loca”, o loco, seg?n.

El?as se sale del camino real y sus grandes charcos y lodos, y se interna por entre la arbolada. Despacio camina El?as, cuidando que la Magdalena no tropiece.

En la mirada cegada de la Magdalena aparecen terrores y fantasmas que no son de esta tierra: los judiciales rode?ndola, poni?ndole un saco apestoso sobre la cabeza. Los golpes y burlas en el auto. No ver, no saber. Los ruidos que se van apagando. La discusi?n entre ellos sobre el dinero que le roban. Los turnos para violarla-violarlo. El ruido del auto alej?ndose. El desmayo. El perro que le husmea la sangre de las heridas…

- Ya llegamos ya -, dice la voz de El?as, y la Magdalena todav?a tiembla cuando la hace sentarse sobre un tronco.

En poco tiempo la Magdalena se ubica. El?as sabe lo que hace. El lugar donde est?n tiene una luz parda que no alcanza a iluminar pero s? a definir objetos y distancias.

Parece que El?as piensa que la Magdalena tiembla porque tiene fr?o, y la envuelve con el nylon que, previendo lluvias, lleva en su morraleta.

“?D?nde?”, dice la Magdalena.

El?as parece saber que lo que la Magdalena quiere saber es el origen de esa luz dispersa y difusa.

“Son hongos”, dice El?as encendiendo un f?sforo cuya luz borra todo y deja s?lo su mirada. “De d?a agarran luz, y de noche la van soltando de a poquito, para que dure, para que tarde, para que no luego se gane la oscuridad”

Contestando una pregunta que no llega, El?as dice:

“Estos no se pueden comer, s?lo sirven para ver”

No es la voz sino el olor de El?as lo que va tranquilizando a la Magdalena. Una mezcla de ma?z, ramas, tierra, tabaco, sudor.

“Aqu? vamos a esperar un tanto a que la noche agarre su paso y deje de andar a la carrera”, dice El?as.

La Magdalena, sentada a su lado, se agarra a su brazo y reposa su cabeza sobre el hombro de El?as.

Algo queda pensando, porque, de pronto, le suelta a El?as:

“Oye El?as, ?t? has estado con una mujer?”

A El?as se le atraganta el humo del cigarro y se nota que su cuerpo se tensa nervioso. Su voz es apenas un hilo cuando responde:

“Errr… bueno, s?, en las reuniones… y los trabajos… y las fiestas… llegan las compa?eras… y lo hablamos de la lucha… y de los trabajos… y hablamos… s?… en las reuniones…”

“No te hagas pato El?as, t? sabes de qu? estoy hablando”, lo interrumpe la Magdalena.

Si hubiera un poco m?s de luz, podr?amos ver que el rostro de El?as es un sem?foro: primero se ha puesto de color rojo, luego amarillo y ahora est? adquiriendo un color verde luminoso.

“Errr… Mmh… Errr… ?O sea que como quien dice lo est?s preguntando si he hecho un amor?”

La Magdalena r?e de buena gana al escuchar el modo de El?as para referirse al tener relaciones sexuales.

S?, dice todav?a riendo, pregunto si ya has hecho un amor.

Los colores de El?as siguen ahora el camino inverso: del verde al amarillo y de ah? al rojo.

“Bueno, s?, pero no mero, un poco, o sea que m?s o menos, apenas…”

La noche es fr?a, como ?sta que caminamos, pero El?as Contreras, Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, tiene ya la camisola empapada por el sudor.

La Magdalena est? disfrutando el embarazo de El?as y no hace nada por aliviarlo.

Al contrario, alarga su silencio para que El?as tenga que sostenerse en la palabra…

“Bueno, Magdalena, no te voy a estar mentirando. No muy me acuerdo, de repente s? o de repente no… Pero me acuerdo que lo le? un libro que encontr? y que se llama “?Ya piensas ya en el amor?” y ah? lo mir? bien c?mo es eso”.

La Magdalena, aunque no es ni hombre ni mujer, es bien mula (sin agraviar a quienes me escuchan o leen), y el nerviosismo de El?as le ha hecho olvidar los fantasmas que hace unos minutos la asediaban, as? que pregunta…

“?Ah s?? ?Y c?mo es eso?”, y se repega m?s al flanco de El?as.

El color de El?as es ya el de los hongos fosforescentes que cubren los troncos y ramas de alrededor.

Pero El?as Contreras es Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, ha enfrentado multitud de peligros y situaciones imprevistas, as? que respira hondo mientras piensa:

Un cigarro, voy a prender un cigarro, ?d?nde dej? los cigarros?, prendo un cigarro y as? me da tiempo de acomodarlo mi pensamiento, prendo un cigarro, ?y si no prende el cerillo?, pues como dice el Sup, se ching? la se?ora Roma ?sa, bueno, ya, ?y si no prende el cerillo?

El?as inicia entonces su explicaci?n:

“Bueno Magdalena, arresulta que est?n, como quien dice, el ?se-c?mo-se-llama y el otro uno, y est? as?, como que no est? pensando nada, pero de pronto como que ya piensa algo y pues entonces, arresulta…”

El?as duda, despu?s dice:

“Bueno, creo que mejor te lo explico de otra forma porque qu? tal que no vas a entender…”

La Magdalena tiene una sonrisa maliciosa que la oscuridad oculta cuando dice:

“Bueno”.

El?as empieza:

“Bueno, pues arresulta que hay unos que se llaman medios de producci?n, porque los pichitos no son pichitos luego, sino que primero son productos. Entonces los productos se hacen con medios de producci?n. Ah y tambi?n con materia prima.

De ah? entonces arresulta que est? un su medio de producci?n del hombre que es as? como quien dice un algo para producir productos, pero no mero ni solo, sino que se necesita otro medio de producci?n y entonces ya lo habla uno a la chamaca y hacen acuerdo para la producci?n y ponen como quien dice la materia prima y lo producen el producto y siempre uno o una, seg?n, se cansa, pero as? como cansancio bueno, contento.

Pero no es as? que llega uno y le dice a la muchacha “oyes, vamos a hacer una producci?n de un producto”, sino que como quien dice le da la vuelta y van los dos vuelteando, vuelteando y ya luego hacen un su acuerdo, y ya luego tarda unos meses y sale el producto y ya lo ponen nombre porque tampoco es que le van a estar diciendo “a ver producto, vete a traer el agua o la le?a”, sino que tiene que tener un nombre, y luego si es producta pues tambi?n hay que ponerle nombre.

De ah? que el nombre es importante, pero no mucho porque si uno, o una, seg?n, es zapatista, lo puede escoger luego un su nombre de lucha, pero tiene que va a pensar bien porque aluego uno no sabe si ya queda as?.

Ah? est? por ejemplo el Sup, que escogi? el nombre de Sup y ya se ching? Roma porque siempre se va a llamar Sup. En cambio yo escog? El?as pero no todos saben as? que puedo poner otro nombre.

Y ya es todo mi palabra y espero que entendiste Magdalena y si no pues ah? luego otro d?a te explico porque ya es tarde y tenemos que llegar al pueblo”

A la Magdalena hasta le duele la panza por estar aguant?ndose la risa escuchando la explicaci?n de El?as, pero se recompone y dice:

“Bueno, ah? me explicas otro d?a”.

La noche ya es m?s clara cuando El?as Contreras camina loma abajo con la Magdalena del brazo. Es El?as quien rompe el silencio:

“O? Magdalena. Ya no tengas miedo si est?s conmigo.”

La Magdalena apenas se detiene para preguntar:

“?C?mo supiste que tuve miedo?”

“El miedo se huele”, dice El?as retomando el paso.

“Huele como a pesadilla, como a mal sue?o, como a verg?enza y pena”.

Ya es madrugada cuando llegan a la orillada del pueblo.

La Magdalena pregunta:

?Y c?mo huele la alegr?a?

El?as Contreras, Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, extiende el brazo como si tendiera el ma?ana y dice:

“As?…”

Un olor a hierba y tierra rebeldes dignas, se levanta y huele tanto que casi se puede ver y tocar y gustar y escuchar y pensar y sentir.

Como si el ma?ana se hubiera asomado al hoy, un instante solo, y hubiera mostrado su tesoro m?s fant?stico, terrible y maravilloso, es decir, su posibilidad.

Gracias, buenas noches. Nos vemos ma?ana.

Subcomandante Insurgente Marcos.

San Crist?bal de Las Casas, Chiapas, M?xico.

Diciembre del 2007.


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