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el delegado zero en la ENAH
Posted on 06.03.06 by relegado uno @ 11:02 am

La Otra seg?n…
Est? esta discusi?n sobre lo que es leyenda y lo que es historia.

No s? mucho de eso, pero imagino que son pilas enteras de libros sobre el tema, estudios de postgrado, coloquios, mesas redondas. Incluso, no estoy seguro, tal vez de eso se discuta en alguna clase de esas que se imparten en ?sta o en otras instituciones superiores con carreras de las llamadas “de humanidades”.

Y ya que estamos en esto de la “humanidad” y sus sinrazones, me pregunto si en las carreras de humanidades se da la materia de “dignidad”, y si hay quien la imparta y quien la apruebe.

Mmh… O tal vez esa materia se imparte y se aprueba en colectivo, en muchas partes, no s?lo en un aula.

Y me pregunto tambi?n si la dignidad no va de la mano de la indignaci?n, ese sentimiento dif?cil de anclar en una definici?n pero que tiene que ver con esa rabia que se siente en las tripas frente a una injusticia.

Tal vez es esta capacidad de indignaci?n una de las caracter?sticas del ser humano.

Ergo, una carrera de “humanidades” debiera tener las materias de “dignidad” y de “indignaci?n”.

Es m?s, uno no podr?a graduarse de ser humano si no aprobara estas materias.

Ustedes disculpen si estoy un poco, o un mucho, desviado del tema.

No es s?lo porque de por s? no me dieron tema, sino que s?lo me dijeron que “vente pa´ la ENAH que lo vamos a hacer un festival para que la Mariana Selvas y el Doc y la Magdalena y tod@s l@s pres@s lo sepan que no est?n sol@s y que seguimos luchando por ell@s”.

As? me dijeron. Yo me qued? pensando. “?Ser? que voy?”, me pregunt?. Y me contest? “Creo que s? voy”.

Como no me dieron tema, pienso que podr?a hablar sobre qu? es la Otra campa?a, qu? la define, qu? la pinta y le da forma.

O, por ejemplo, explicar por qu? estoy en la Ciudad de M?xico, m?s en concreto en la ENAH en un festival cultural por la libertad de l@s pres@s de Atenco, y no en reuniones de adherentes en Chihuahua, Sonora o Sinaloa. O m?s mejor en Chiapas.

Y no se crean, yo no muy s? de la Ciudad de M?xico pero parece que la ENAH est? un poco retirado de donde est?n el Doc y la Mariana y la Magdalena. Entonces pens? que pues habr? que alzar la voz para que llegue tan lejos.

Y en eso estoy, o sea pensando en las voces y las distancias, cuando escucho una voz abajo a mi izquierda que dice:

- De eso se trata, de alzar la voz -.

Yo sent? un escalofr?o recorriendo mi hermosa espalda y me dije “esa vocecita, esa vocecita”.

Y entonces llev? instintivamente mi mano a la bolsa izquierda de mi pantal?n porque ah? guardo el tabaco y por aquello del “no te entumas Marquitos”.

?En qu? me qued?? Ah s?, en que no me dieron tema para esta pl?tica aqu? en la ENAH.

Es m?s, ahora que me acuerdo, quiero hacer una denuncia. Porque resulta que en la Asamblea Nacional de Adherentes de la Otra del d?a 29 me pasaron un papelito que dec?a:

“Sup: avisa si vas a ir a la ENAH para el festival del d?a 2 de junio. Si vas a ir, entonces te invitamos. Y si no vas a ir, pues no te invitamos”.

No s? qu? piensen ustedes, pero me parece que quien redact? ese mensaje bien podr?a estar asesorando a cualquiera de los insignes candidatos a la presidencia de M?xico.

Bueno, el caso es que no me dieron tema sobre el cual hablar y yo me qued? preocupado porque qu? tal que est?n pensando que voy a cantar una de esas rolas que luego el tal Panchito Varona le pone m?sica y la canta el tal Joaqu?n Sabina, y a ellos los siguen las muchachas y a m? me siguen los polic?as. No hay derecho.

Entonces en eso estoy, o sea contando cu?ntos polic?as andan tras m?o (seguramente para pedirme un aut?grafo), cuando escucho otra vez esa vocecita que ahora dice:

- Pst, pst -.

Yo primero pens? que era la voz de mi conciencia, y como a ?sa de por s? no muy le hago caso, encend? la pipa y me dije:

- “Marquitos, no te angusties. ?l se qued? en la selva, apoyando al Teniente Coronel Mois?s en la Comisi?n Intergal?ctica. As? que debe ser tu imaginaci?n. Es pr?cticamente imposible que hasta ac? haya llegado…”

- Yo, el eterno ganador en las elecciones del coraz?n de las f?minas de buen gusto, el sue?o h?medo de Halle Berry, el amor imposible de Angelina Jolie, el suspiro inconfesado de… de… bueno, dejo el espacio en blanco para que una mujer, una de ?nica, ponga su nombre y su coraz?n en los m?os prendidos. Ejem, ejem, heme aqu?, yo soy… -.

- ¡Durito! -, digo con evidente desaz?n.

- ?C?mo “Durito”? ¡Don Durito de la Lacandona! ¡El terror de la clase pol?tica mundial! ¡El aguafiestas de los reventones neoliberales! ¡El de la figura augusta que causar? furor en las p?ginas de (anti) sociales de la prensa alternativa! ¡El triunfador de todas las encuestas que no se han hecho ni se har?n! ¡El provocador de rubores, sudores y sonrojos en damas de los cinco continentes! ¡El pasito m?s ch?vere de los festivales de abajo y a la izquierda! -.

Al decir esto ?ltimo, Durito hace unos pasos de baile mientras entona la versi?n dark-punk-libertaria-skatera y r?scale-tun-t?n de “La Suegra”, cuya versi?n en cumbia ocupaba el primer lugar en el rating dominical de “Radio Insurgente. La Voz del EZLN, voz de los sin voz. Transmitiendo desde las monta?as del Sureste Mexicano”.

Yo aplaudo discretamente y pregunto- cuestiono- reclamo:

- ?Qu? no estabas con el Moy? -

- S?, pero vine para hablar con la Comisi?n Civil Internacional de Observaci?n de Derechos Humanos, que vino a constatar la animalidad exhibida por el gobierno mexicano en San Salvador Atenco. Y, bueno, ya que andaba por ac?, me pregunt? “?En qu? enredos se habr? metido ahora aquel de la nariz evidente y la torpeza recurrente, aquel a quien honor le hice al nombrarlo mi escudero?” Y me dije que deb?a constatarlo personalmente y, como dije antes, heme aqu? -.

- Hombre, no te hubieras molestado. Te hubiera mandado un correo electr?nico -, le digo a Durito mientras oculto la bolsita de tabaco.

- Nah, no ocultes el regocijo que te provoca mi presencia. Y nada de caravanas, basta con que me des un poco de tabaco -. Durito no espera mi respuesta, toma la bolsa y retaca de hebra su pipa y una mochilita que, entonces me doy cuenta, lleva a su espalda.

- ?Vas llegando o te est?s yendo? -, pregunto entre la desaz?n y la esperanza.

- Llegando-, dice Durito tirando el tabaco y mi ilusi?n al suelo.

- Pero no te entusiasmes mucho, s?lo vine a desmentir eso de que tienes las piernas m?s hermosas del sureste mexicano. Es p?blico y notorio que las m?as son m?s hermosas y, adem?s, son m?s -, se?ala Durito mientras modela sus 3 pares de piernas que adem?s, dicho sea de paso, son tambi?n brazos.

- Hablando de mitos -, le digo con manifiesta mala leche, - ?tienes algo qu? decir sobre el “Estado de Derecho” que viaja en los toletes y escudos de la polic?a mexicana? -.

Durito baja su mochila y la abre mientras dice:

- Que nada bueno se puede esperar de quien hace residir la legalidad de las instituciones en los penes de los polic?as ??” dice Durito.

- El Estado de Derecho en M?xico es sexista, machista y, como tal, est?pido. No es posible hablar de legalidad mientras hay tantos ladrones y criminales libres (algunos hasta son candidatos en las pr?ximas elecciones). La justicia en M?xico es una mercanc?a y cara. La compra quien tiene la paga. ?Acaso no te has dado cuenta de que, cuando un rico delinque, se siguen todos los procedimientos “legales”, se alarga el proceso y, las m?s de las veces, cuando se llega a la conclusi?n de culpabilidad, el susodicho se huye? ?No es cierto que al pobre primero se le detiene, se le golpea, se le encarcela, y ya luego, mucho despu?s, se averigua si es culpable o no? -

Durito enciende su pipa y hurga dentro de la mochilita mientras agrega:

- Por lo dem?s, no te afanes en escribir. Tengo algo mejor que lo que puedas elaborar -, y sin m?s pre?mbulos me entrega unas hojas arrugadas.

Yo voy a preguntar que qu? es eso cuando Durito se?ala:

- Bah, no tienes por qu? agradecerlo. Lo he hecho con mucho gusto, gran alegr?a y desbordado entusiasmo. Y ya me tengo que ir porque voy al plant?n del Penal de Santiaguito -, dice poniendo de nuevo la mochilita a su espalda y perdi?ndose en fr?a madrugada del Valle de M?xico.

En otra madrugada, pero en las monta?as del Sureste Mexicano, El?as Contreras, Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, y yo platic?bamos junto al fog?n de su cocina.

Hace algunos a?os, cuando vino a la Ciudad de M?xico en b?squeda del mal y el malo, El?as Contreras visit? la Escuela Nacional de Antropolog?a e Historia. Ignoro el motivo de su visita y nunca me lo aclar?. Tal vez hab?a quedado de verse ah? con alguno de los contactos que le pasaban informaci?n sobre los complicados laberintos del mal y el malo. O tal vez se dio en caminar as? nom?s y los pasos lo llevaron a acercarse a la Pir?mide de Cuicuilco. El caso es que El?as Contreras, comisi?n de investigaci?n del EZLN, entr? a esta escuela, pas? unos minutos en ella y luego sali?. Tal vez, no lo sabemos, se mezcl? en el patio con estudiantes, trabajadores y maestros. Tal vez se cruz?, sin saberlo uno ni otra, con una estudiante de la ENAH que se llama Mariana Selvas y que se encuentra actualmente presa, injustamente, en el Penal de Santiaguito, en el Estado de M?xico.

El?as Contreras debe haber recorrido tambi?n la colonia Isidro Favela y las otras que se encuentran en los alrededores de la ENAH y los centros comerciales de Perisur, Gran Sur y Cuicuilco.

Me contaba El?as Contreras que bastaba recorrer las calles de la Ciudad de M?xico para darse cuenta de que la justicia es una para los de arriba y otra para los de abajo. Y no hablaba s?lo del soberbio complejo propiedad de Carlos Slim contrastando con la pir?mide y las modestas casas de los vecinos de las colonias aleda?as.

Era la actitud (”el modo”, dijo El?as Contreras) de la polic?a en uno y otro lado; la mirada sumisa y servil de la autoridad cuando estaba en los terrenos de quien manda realmente, y la prepotente y voraz cuando se sabe entre los de abajo.

“La polic?a cuida al de arriba y despoja y humilla al de abajo”, dijo El?as Contreras, Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, y despu?s se qued? en silencio. Me pas? entonces una solitaria hoja de papel de su cuaderno de apuntes.

Algo recuerdo de lo escrito ah?, ahora, en esta madrugada.

Y m?s all?, en una madrugada m?s retirada en tiempo y en espacio, el Viejo Antonio velaba conmigo a la orilla de una milpa.

Las huellas de un tepezcuintle y el hambre mal contentada con tortillas y frijoles nos llevaron hasta ese lugar, como a una legua de su champa, buscando algo para alegrar el est?mago del d?a siguiente.

No apareci? el tepes, pero el Viejo Antonio, en el trayecto de vuelta, me cont? una historia de un mundo hecho abajo y despu?s dominado por arriba.

“No todos ni todas, bajan la cabeza y se desmayan”, dijo el Viejo Antonio por decir “no tod@s se resignan y conforman”. Y algo m?s agreg? que yo escrib? con letra torpe y apresurada en mi diario de campa?a.

Creo que, puesto que no me dieron tema para la pl?tica de hoy en la ENAH, aceptar?n ustedes que les lea este extra?o, por serio, texto d?nde se trata de sintetizar lo que Don Durito de La Lacandona, andante caballero, El?as Contreras, Comisi?n de Investigaci?n del EZLN, y el Viejo Antonio, traductor involuntario de una cultura en resistencia, escribieron y dijeron en ?sta y otras madrugadas. Se llama….

L@S OTR@S QUE SOMOS.

La historia o la leyenda se tejen de madrugada. Habr?, es cierto, quien cuestione su veracidad y pretenda clasificar una u otra en el endeble criterio de “verdadero” o “falso”. Para lo que concierne a lo que ahora cuento, no importa ni lo uno ni lo otro.

Las palabras que nombran lo que est? por hacerse no salen de pronto ni en cualquier parte, sino que van buscando un lugar d?nde nacerse y esperan el tiempo propicio para surgir.

Hay un lugar en el que la oscuridad y la luz se encuentran y se tocan apenas un instante. Despu?s se va cada una a su camino, a su espera. As? van la sombra y la luz, sigui?ndose y evit?ndose, hasta que se olvidan de lo que son y se hacen de nuevo en lo otro, rehaciendo una y otra vez el oximor?n de su deseo. Ese lugar tiene tambi?n su tiempo, y en ?l la muerte y la vida se postergan. Es el amor, dicen, quien entonces ah? reina.

Es en la madrugada, en ese espacio y tiempo, donde hay quien est? ya y quien llega apenas. Dicen que es la sombra quien espera, acechando con la mirada de quien lleva como maldici?n la duermevela, a que la luz desnude sus ropas y sus miedos, que recueste el cuerpo y ponga de pie el deseo.

¡Ah, la madrugada! Hay ah?, esperando siempre (es decir, no estando), una piel compleja hecha de dos tibiezas, que la arropar?an del fr?o y soplar?an lejos la soledad.

En ese delgado l?mite, donde no hay muro ni abismo, la palabra recorre todos los calendarios y asume una forma que es hablada en muchas lenguas.

Digo ahora lo que esa palabra me cuenta en ese quiebre del tiempo, con la niebla de la duermevela, y en la lengua de la monta?a:

Hay en cada hombre, en cada mujer, un otro y una otra diferentes.

Escondido est? lo otro, como guardado est?. Esperando espera. Estando est?.

A veces es un rasgu?o, imperceptible afuera y definitivo dentro; otras es un terremoto que rompe la fastidiosa cotidianeidad; y a veces es una piel, caricia o ?spero roce, que rasga con tierna furia la piel de afuera y revela y rebela la otra piel, la del otro, la de la otra que somos.

Pero es siempre un dolor lo que obliga a salir eso otro que somos sin serlo todav?a.

Las m?s de las veces somos lo otro con un “NO” que es un desaf?o a la docilidad impuesta.

Y no nos vemos.

No si solos somos lo otro que somos.

Entre la desbocada competencia por la corrupci?n y el crimen que son el combustible del “s?lvese quien pueda”, hay una, uno, otro, otra, alguien que dice “no”.

Hay, por ejemplo, una joven mujer que aparta su paso del conformismo de ser lo que el var?n quiere que sea y pone en un rinc?n sus miedos para vestirse y desnudarse con el traje siempre nuevo de la rebeld?a.

Y hay un profesionista que, contra toda la prudencia desde arriba impuesta, arriesga su bienestar y seguridad para ir por una medicina para quien no conoce hasta que yace moribundo, roto el cr?neo por el “Estado de Derecho” sintetizado en una granada de gas lacrim?geno “made in USA”. El otro podr?a decir, si no tuviera muerte cerebral, “me llamo Alexis Benhumea, estudio econom?a en la UNAM, fui acusado y condenado por ser joven”. El profesionista de llama Guillermo Selvas, le dicen “Doc” porque es m?dico y est? preso, acusado, entre otras cosas, de ser un luchador social.

Hay una joven estudiante que lo acompa?a, entre otras cosas, porque hay lecciones que no se aprenden en las aulas ni en los libros, sino en las calles y campos del alargado dolor que algunos llaman “el M?xico de Abajo”. Una carpeta con su expediente se?ala: “Mariana Selvas, estudiante de la ENAH. Acusada, entre otras cosas, de ser mujer joven”.

Hay una ind?gena que elige serlo pero con dignidad, la que se viste con los colores que antes eran verg?enza y hoy son alegr?a, y abraza a quien s?lo conoce por el dolor y la rebeld?a comunes, ansiosos por ser colectivos. Son ecos los que resuenan diciendo: “Me llamo Magdalena, soy ind?gena mazahua, estoy acusada de ser mujer ind?gena”.

Hay un hombre, un campesino, que elige levantar el color que tiene de la tierra y con esa morena dignidad dar su apoyo a quien tambi?n lucha por esa tierra que pinta nuestra sangre. Calla el hombre y en silencio dice “Me llamo Ignacio Del Valle, soy campesino de San Salvador Atenco. Estoy en un penal de m?xima seguridad porque en M?xico ser campesino y ser rebelde y ser solidario es tambi?n ser un reo de alta peligrosidad”.

Y hay mujer, que no importa si es joven, adulta, madura o anciana, sino que es mujer, y que carga ahora como cadenas lo que no quiere sino como alas, y que para eso une sus pasos a otros pasos. Tiene todos los nombres y todos los rostros que abajo se nombran y se miran.

Y hay un fot?grafo, un reportero, que deja la c?mara inerte porque el coraz?n se le conmueve y le manda que no convierta en mercanc?a el instante que la empresa le reclama para la venta, que escribe lo que ve y escucha, y no lo que los lentes y aud?fonos del Poder le imponen. Porque hay quien se pasa del otro lado de la l?nea, para ver lo que abajo se ve, lo que se calla.

Y hay un hombre, una mujer, un ni?o, un anciano, una joven, un otro, una otra que prefiere dignidad a humillaci?n, y que obra en consecuencia.

Encontrarla, encontrarlo. Eso es la Otra Campa?a.

Este pa?s, esta tierra, esta Patria, tiene otra una dentro de ella. Tan a flor est? su dolor que basta un o?do atento para darse cuenta de su existencia. El o?do se hace palabra y el esto soy, aqu? estoy, se multiplica entonces.

Nacer ese otro pa?s, ese otro M?xico. Eso es la Otra Campa?a.

Y hoy, luchar por la libertad de Mariana Selvas, del Doc, de Magdalena, de Nacho, de todas las presa, de todos los presos, eso es la Otra Campa?a.

Desde la Otra ENAH.

Subcomandante Insurgente Marcos.
M?xico, Junio del 2006.


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